lunes, 11 de mayo de 2009

Vanesa

Ayer conocí a Vanesa.
Vanesa tiene la costumbre que han adquirido todas las streeper de decir nada más entrar en el coche que no son putas. Excusate non petita… Es brasileña, tiene 30 años recién cumplidos y una niña de siete. Lleva 3 años en España, en Lugo. Esta semana está en Asturias porque quiere sacarse el carnet de conducir aquí, que al parecer es más barato que Galicia. Tiene un cuerpo de infarto, pero de infarto agudo. Sin embargo, de cara, no me entusiasma –es lo que me pasa a mi siempre con las mujeres, que a la que veo guapa no veo que tenga buen cuerpo y viceversa-.
La jefa de Vanesa me ha cobrado 200 euros por sacarla del local para hacer una despedida de soltero, de los que sólo 50 irán al bolsillo de la chica. Es la principal diferencia entre los bares de streeptease y los clubs en Asturias: tú pagas 600 por sacar a una chica de un club, y 500 son para ella, sin embargo, la verdadera mafia está en los ambientes más distendidos, a los que la gente entra sin saber lo que de verdad se cuece.
Mujeres bailando cuatro pases por 30 o 40 euros al día, que no tienen permiso para salir en lo que esté abierto el negocio (generalmente de 5 de la tarde a 3 de la mañana) y que si lo hacen tiene que ser con dinero por delante, y mucho dinero. La excusa del encargado es que la chica tiene que hacer un pase, y que pierde dinero si no lo hace. La realidad es que los pases son cada dos horas y media, tiempo de sobra para que la chica en cuestión salga a hacer una despedida, al gimnasio, o a poner la lavadora.
Cuando se montó en el coche estaba nerviosa, casi no hablaba y si lo hacía era mirando por la ventanilla. Es la primera vez que voy a buscar a una streeper que no conozco, por lo que yo también estaba algo nerviosa, y casi no hablamos hasta que llegamos al bar en el que habíamos quedado con los chavales: 12 tios hormonados hasta las cejas que estaban sedientos de tetas y se pusieron a silbar según bajábamos las escaleras y a hablarle al futuro novio como si fuera un cachorro de pastor alemán “¡Ay!, ¿quién está ahí, Pablo? Miraaaa ¡¡Mira lo que viene ahí!!”
“Lo que viene ahí”. Eso es, en esencia, Vanesa: el objeto sexual con el que una panda de gañanes se divierte a las tantas de la mañana sólo por verla mover el culo y las tetas delante de la cara de su amigo. El espectáculo rozó lo pornográfico, por mucho que ella aclarara nada más entrar en el coche que no era prostituta. Incluso intentó hacerle una felación al chaval que declinó amablemente su invitación. En el coche le pregunté qué le había dicho, y me dijo “que no quería que se la sacara” y yo: hombre, lógico, se casa mañana. Y ella sonrió muy pícaramente y luego me aclaró que más bien era porque no tenía mucho que enseñar.
Lo único que le molestó es que todos los niñatos (de unos 30-40 años, pero niñatos al fin y al cabo en comportamiento) se dedicaron los 3 cuartos de hora que duró el espectáculo a hacerle fotos y videos a discreción. Yo tengo una niña pequeña –me decía Vanesa- pero que ya domina Internet, y no quiero que mañana se encuentre en youtube a su madre desnuda con las tetas llenas de nata y un hombre chupándolas mientras sus amigos se ríen.
-Entonces, tu hija, ¿en qué piensa que trabajas?
-Camarera.
-Sí, todas les decís que sois camareras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario