lunes, 11 de mayo de 2009

Janet

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Mar

Mar es una de las mujeres más bonitas que he visto en mi vida. Es, hasta ahora, la única española que he conocido en este negocio. Es streeper, pero antes era chica de club. Lo sé porque nada más entrar en el bar se me tiró encima y me dijo: me tienes que traer ropa, que yo toda la que tengo es de club.
Es una chica muy sincera, cosa que no suele verse en este mundo. Además, paga por adelantado. Normalmente, tanto las putas como las streeper piden el dinero por adelantado, pero cuando ellas tienen que pagar algo, no sueltan prenda hasta última hora. Mar no. Me puso 150 euros en la mano y me pidió 3 conjuntos para bailar. Esto es raro por dos cosas: como he dicho, porque no te suelen dar el dinero hasta que ven la ropa, y por otra parte, porque no me ha regateado ni con dinero ni con otros menesteres.
Eso es algo que hacen mucho las brasileñas, te preguntan cómo quieres que te paguen. Cuando le dices que con dinero, se van. A mi no me importaría nada (pero nada de nada) que Mar me dijese: oye, que te pago 100 y subimos un rato a mi cuarto. No me importaría pero ni un poquillo de nada.
Es preciosa: morena, ojos negros, alta (me saca una cabeza) un cuerpo de escándalo, una 95 de pecho, y una sonrisa deslumbrante. El día que la conocí pensaba que era venezolana, pero luego ya me dijo que era de Madrid. Normalmente es una mentira que dicen las sudamericanas que llevan mucho tiempo aquí y ya no tienen acento, pero luego pregunté por ahí -a las otras chicas que trabajan con ella- y sí que es de Madrid. Cosa harto difícil de encontrar en este mundo, una española que se desnude por 30 euros al día, y que además antes trabajara en clubs. Será la crisis, que empieza a apretar.

Nati

Aún recuerdo el día que me enteré de que Nati quería prostituirse. Habíamos pasado tres semanas buscando un trabajo para ella, y cuando teníamos apalabrado algo, no iba a trabajar o sencillamente no se presentaba a las entrevistas. Nidia me diría meses después que Nati sabía lo que quería desde que se montó en el avión en Paraguay rumbo a España.
Hace unos días la vi por última vez en un club. Creo que ahora ya no trabaja allí, que está en otro, no por dinero ni porque la traten mejor, sino porque está enamorada del gerente. Las putas también se enamoran, ¿qué os pensáis? Aunque la vida no es Pretty Woman.
Qué daño ha hecho esa película, algún día trataremos el típico síndrome del cliente de pretty woman, con el que los clientes se presentan a las putas e intentan redimirlas, encandilándolas con una vida de ensueño trabajando 9 horas al dia en cualquier otro sitio y fregando sus platos en casa, cargadas de churumbeles.
Nati quiere volver a Paraguay, tiene ahorrado el suficiente dinero como para tirar allí un año con cualquier otro trabajo. La prostitución no está muy bien pagada en Sudamérica (algo lógico si tenemos en cuenta que allí sólo trabajan las putas de lujo para cuatro clientes de lujo, el resto no puede pagarse un servicio sexual y recurren al infructuoso esfuerzo en España de la fidelidad a la pareja). Aquí cobra 60 euros por media hora, 100 por una hora, y hace de todo excepto griego . A mí el encargado –Tio S a partir de ahora- me ha dicho que todas hacen de todo, por mucho que te digan que no, que si quieres algo extra, se cuenta en billetes azules, así que intuyo que Nati, por 80 o 120 euros también te hace griego. Y si le pones 500 se tira a un pastor alemán.

Vanesa

Ayer conocí a Vanesa.
Vanesa tiene la costumbre que han adquirido todas las streeper de decir nada más entrar en el coche que no son putas. Excusate non petita… Es brasileña, tiene 30 años recién cumplidos y una niña de siete. Lleva 3 años en España, en Lugo. Esta semana está en Asturias porque quiere sacarse el carnet de conducir aquí, que al parecer es más barato que Galicia. Tiene un cuerpo de infarto, pero de infarto agudo. Sin embargo, de cara, no me entusiasma –es lo que me pasa a mi siempre con las mujeres, que a la que veo guapa no veo que tenga buen cuerpo y viceversa-.
La jefa de Vanesa me ha cobrado 200 euros por sacarla del local para hacer una despedida de soltero, de los que sólo 50 irán al bolsillo de la chica. Es la principal diferencia entre los bares de streeptease y los clubs en Asturias: tú pagas 600 por sacar a una chica de un club, y 500 son para ella, sin embargo, la verdadera mafia está en los ambientes más distendidos, a los que la gente entra sin saber lo que de verdad se cuece.
Mujeres bailando cuatro pases por 30 o 40 euros al día, que no tienen permiso para salir en lo que esté abierto el negocio (generalmente de 5 de la tarde a 3 de la mañana) y que si lo hacen tiene que ser con dinero por delante, y mucho dinero. La excusa del encargado es que la chica tiene que hacer un pase, y que pierde dinero si no lo hace. La realidad es que los pases son cada dos horas y media, tiempo de sobra para que la chica en cuestión salga a hacer una despedida, al gimnasio, o a poner la lavadora.
Cuando se montó en el coche estaba nerviosa, casi no hablaba y si lo hacía era mirando por la ventanilla. Es la primera vez que voy a buscar a una streeper que no conozco, por lo que yo también estaba algo nerviosa, y casi no hablamos hasta que llegamos al bar en el que habíamos quedado con los chavales: 12 tios hormonados hasta las cejas que estaban sedientos de tetas y se pusieron a silbar según bajábamos las escaleras y a hablarle al futuro novio como si fuera un cachorro de pastor alemán “¡Ay!, ¿quién está ahí, Pablo? Miraaaa ¡¡Mira lo que viene ahí!!”
“Lo que viene ahí”. Eso es, en esencia, Vanesa: el objeto sexual con el que una panda de gañanes se divierte a las tantas de la mañana sólo por verla mover el culo y las tetas delante de la cara de su amigo. El espectáculo rozó lo pornográfico, por mucho que ella aclarara nada más entrar en el coche que no era prostituta. Incluso intentó hacerle una felación al chaval que declinó amablemente su invitación. En el coche le pregunté qué le había dicho, y me dijo “que no quería que se la sacara” y yo: hombre, lógico, se casa mañana. Y ella sonrió muy pícaramente y luego me aclaró que más bien era porque no tenía mucho que enseñar.
Lo único que le molestó es que todos los niñatos (de unos 30-40 años, pero niñatos al fin y al cabo en comportamiento) se dedicaron los 3 cuartos de hora que duró el espectáculo a hacerle fotos y videos a discreción. Yo tengo una niña pequeña –me decía Vanesa- pero que ya domina Internet, y no quiero que mañana se encuentre en youtube a su madre desnuda con las tetas llenas de nata y un hombre chupándolas mientras sus amigos se ríen.
-Entonces, tu hija, ¿en qué piensa que trabajas?
-Camarera.
-Sí, todas les decís que sois camareras.